www.lavanguardia.com 29/06/2014

Sra.-Carmenatipetitta

La marca Italia siempre vende, porque los italianos somos unos convencidos de lo que decimos”, explica Emanuela Carmenati, la presidenta de la Cámara de Comercio Italiana en Barcelona, una de las más de ochenta que forman la red Assocamerestero, representando la italianidad en el mundo. “Al añadir que estamos en Barcelona, tengo la sensación de que el interlocutor piensa: ‘¡Vaya suerte!’ Italia y Barcelona son dos valores que me hacen sentir muy bien”, dice la representante de esta institución que acaba de celebrar su centenario. Los italianos son la primera comunidad europea residente en Barcelona –“la cámara nació forzosamente aquí, por el puerto”–, pero su presencia se remonta a la “casa de los italianos” que se estableció en el pasaje Méndez Vigo hace siglo y medio.

Hoy, la cámara tiene unos 150 socios, instituciones y empresas, pequeñas o grandes, catalanas e italianas, como Ferrero, Grimaldi, Generali, Luxottica, InvestforChildren (Bonomi), Zegna, Instituto Europeo di Design, Pirelli, Mediolanum… La cámara se ha propuesto contarlas todas, pero de momento estima que en Catalunya hay unas 300 empresas con matriz italiana (sin restaurantes ni tiendas). Como todas las cámaras, ejerce de lobby, ofrece servicios.

Y Carmenati está al frente desde el 2012, cuando se reestructuró la institución para darle “un nuevo empuje y adecuarnos a los nuevos tiempos”. Abogada especializada en resolución de conflictos, a la que sus próximos definen como “constante y persistente, detallista con los acabados y con las personas”, no tardó en imprimirle su estilo.

Carmenati nació en Milán y se estableció de adolescente en Platja d’Aro (después de pasar por Venezuela), con sus padres, ella psicóloga, él un arquitecto que en la Costa Brava “se divirtió construyendo urbanizaciones y discotecas”. Estudió Derecho en la UAB, tiene “el despacho de abogados más antiguo” de Platja d’Aro y una administración de fincas y ejerce en Barcelona, donde comparte despacho, Furriol Carmenati, con su marido, catalán, empresario y abogado de tercera generación. También es miembro del consejo de la Cambra de Comerç de Sant Feliu de Guíxols y vicepresidenta del Tribunal Arbitral de Girona. Su vocación cameral viene de lejos: fue socia de la Jove Cambra de Barcelona y en 1998 constituyó la Jove Cambra de Platja d’Aro.

“Los amigos me dicen que soy de aquí, y a mí me gusta sentirme integrada”, dice en un catalán perfecto: con sus hijos (Nico y Paula, 17 y 19 años) habla italiano, pero asegura que cuando viaja a su país, “creen que el italiano es mi marido”.

Entre las actividades de la red italiana de cámaras se encuentra, desde hace unos años, la de certificar restaurantes. En Barcelona, de los 180 registrados, tienen el sello 25. “Vigilamos que cumplan los estándares, los ingredientes, las recetas: si los productos son italianos, significa que toda la industria italiana que hay detrás exporta”.

Dice que se hizo abogada por su vocación de “resolver los problemas de las personas” y se define una “apasionada” de la resolución alternativa (a los juzgados ordinarios). Experta en mediación y en blocking (acoso en comunidades de vecinos), plasmó su pasión en un libro de cuentos, Bobúo, donde explica conceptos jurídicos y situaciones de arbitraje. Está dedicado a “los hijos de abogados, jueces, mediadores, administradores de fincas, que no entienden a qué se dedican sus padres”. Pero de lo que está más orgullosa es que haya servido también para resolver algunos casos de bullying en colegios.

Carmenati ha sido reconocida con la distinción de Ufficiale dell’Ordine della Stella d’Italia, entregada esta semana por el embajador. El suyo es un corazón partío, entre Barcelona, Girona y Milán: “Suelo decir que cuando viajo a Italia no sé adónde voy o de dónde vuelvo. Pero sí que sé que siempre vengo de un sitio precioso y voy a otro precioso, con dos culturas, gastronomías y geografías privilegiadas”.

http://blogs.lavanguardia.com/los-nombres-y-las-cosas/cien-anos-de-italianidad-48779

 

 

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